Apología del Enchufismo y el Arribismo. Matizaciones sobre sus bondades y peligros.
Al hilo de la entrada sobre las redes sociales, he recibido de Rafa este nuevo escrito que, tal y como dice y yo suscribo, tiene entidad suficiente para ser nueva entrada en blog y no comentario del anterior. Ataos los machos y adelante, que la cosa tiene tela.
"Vivimos en un mundo de redes. La red social, la red de redes, la red del pescador. ¿O eran las sandalias?. Pero a mi me gustaría tener muchas redes. La red es algo que te lleva de un sitio a otro y algunas veces no sacas nada pero otras consigues cosas maravillosas. Lo importante es saber donde pinchar y saber darle a la crucecita de la esquina superior derecha si aparece algo feo o tarda mucho en abrirse. Porque vivimos cuatro días y no se puede perder el tiempo. Siempre se ha dicho, "amigos hasta en el infierno". Cuando a uno le toca el infierno, mejor estará en la oficina de Lucifer, con aire acondicionado, o en el despacho del abogado del diablo (aunque este en realidad está en el cielo) que en las calderas de Pedro Botero. Pero cuidado, la oficina es un lugar lleno de peligros y tienes que estar atento.
Los enlaces nos facilitan el acceso a lugares, que aunque si bien es cierto que todos podemos llegar, no lo es menos que a veces es tarea ardua de la que puedes acabar agotado y salir escaldado. Y uno puede dar vueltas de una página a otra y pasarse días y días dando vueltas y navegando a la deriva hasta avistar tierra como un Pinzón. Y aún así, la costa se nos presenta lejana. Siempre es bueno que alguien que antes ha dado esas vueltas ponga a nuestra disposición esos mapas de ruta y los planos del Tesoro.
Lo que se haga con el Tesoro dependerá de uno mismo. Hay algunos lo gastan de una tacada y otros, saben invertir y poco a poco generan su propia red, su plano que darán a otros. Pero hay que cuidar a quien se lo das. En ocasiones hay gente que acaba con el Tesoro entre las manos pero en una isla desierta y muere en ella. Incluso a veces, su muerte arrastra al primer poseedor, porque éste no supo ver.
Y yo a mi cumpleaños invito a mis amigos, o a la familia, y a mi casa no suben extraños.
Ahora bien, a un amigo demasiado borracho, que no sabe comportarse, que es un "metepatas", quizá lo siga queriendo mucho, pero no le daría un copa de cristal de bohemia. Como amigo que sería lo invitaria como a otros, pero no podría más que darle un vaso de plástico, con el que beberá igual que los demás, pero no nos engañemos, con el tiempo, la bebida en plástico, coge sabor."
