¡¡Lástima una vaca furaaaaaaa...!!
Y una vez más nos definimos, para lo bueno y para lo malo. Somos capaces de decir con dos palabras lo que otros necesitan líneas y líneas. La siguiente historia es verídica, contada por mi prima Linda en el transcurso de una de nuestras cenas gastronómicas de primos.
"El otro día regresaba a mi casa en taxi, tras una noche de juerga. No había sido larga, eran las tres y pico de la madrugada y la ciudad estaba vacía. Eramos el taxi, el taxista y yo, y nadie más en la calle ni en la calzada. Bueno, nosotros y un borracho a unos 200 metros que se acercaba a nosotros tambaleándose por la calzada. El taxista lo vio al instante. No había peligro, podíamos esquivarlo perfectamente y el taxista, con calma, comenzó a rezongar sobre el individuo. No entendía lo que decía, pero por el tono de los gruñidos, no eran cosas buenas.
Al acercarnos al personaje, el taxista, con pausa, bajó la ventanilla, muy calmado, saco medio cuerpo fuera y con una fuerza inesperada, reservada para el momento, le gritó:
"¡¡¡LÁSTIMA UNA VACA FURAAAAAA...!!!"
Increible. "Semos asín". A esto puede añadirse el clásico "Pasa pués...", el tan socorrido "meecaaaaa..." o el tan usado en aglomeraciones "aiva de áhi" (del verbo aivar).
Besicos.
